Los que me conocen bien saben que uno de mis defectos es ser imprevisible. Pero yo, que me conozco mejor, sé que lo peor de eso, – además de que efectivamente es cierto-, es que soy imprevisible, incluso, para mí.

Pero también soy terca y obsesiva, así que al mezclar todo eso con mi pasión por la cosmética ha resultado que tengo dos marcas en vez de una, mis jabones son cada vez de un color y un olor diferente y las cremas tienen cada día una versión mejorada. Ah, y que la lista de inventos crece cada día.

Bueno, por eso va aquí este mea culpa con propósito de enmienda. Cómo no puede ser de otra forma, dejaré mis variaciones cosméticas para consumo personal y prometo no cambiar demasiado las fórmulas…, bueno, si las cambio quedará claro en la información…, no pretendo saltarme las reglas legales…

¿Porqué hay Delaceite y Marta Kaufmann?

Pues por eso, porque los cambios me gustan…

Cuando empecé a elaborar cosméticos buscaba un nombre para el negocio, y como en casa me prohibieron terminantemente usar mi favorito: ULTRAMARINOS FINOS, tuve que buscar otro. Y como me pasaba (y me paso) el día metida entre diferentes aceites (argán, oliva, macadamia, rosa mosqueta…) pues estaba claro: DELACEITE.

Pero enseguida empecé a ver que ese nombre daba lugar a equívocos con el mundo de la alimentación, y rápidamente decidí que había que cambiar. Y lo más socorrido, mi nombre: MARTA KAUFMANN.

 

¿Será el definitivo…?, Pues no lo sé… siempre he tenido muchas ganas de ser la Marquesa de Carabás.